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Cielo Violeta - Gabriela Mezzabotta
Camino por el parque y me sorprende la extraña levedad de mi cuerpo; es como si mi alma, en un descuido, hubiera olvidado hasta mi propio nombre. El sol ilumina el paisaje con generosidad, pero a pesar de ser una tarde brillante, su calor no logra encender mi piel. El viento, atrevido, mueve las copas de los árboles, pero noto con inquietud que mi mechón de pelo sigue adormecido sobre mi rostro, inmune al vaivén hechicero. Las personas que cruzo parecen extraviadas en sus
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La llave de bronce
El murmullo fue lo primero. Su origen estaba en los labios de los trabajadores del taller. Para él, en cambio, era más hondo, más áspero, como si en la antigua fábrica aún siguiera respirando sus días de campesino. Rafael cerró los ojos y escuchó voces que no decían nada y hablaban de todos. Quejas sin dueño. Suspiros tragados. El rumor de los obreros, todavía atrapado entre las cabriadas oxidadas y las chapas de zinc. Rafael se mordió el labio inferior. El murmullo tenía
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A veces barro, a veces aire - Rulo Caba
Para Mia A veces siento que estoy en el barro. A veces, volando en el aire. Se lo dije mientras Elisa apoyaba el mazo sobre el mantel púrpura de terciopelo. Cuando empezó a barajar, mis dedos buscaron la uña del índice y la rasparon sin que me diera cuenta. Era mi primera vez con el tarot, aunque ya había dejado que una quiromántica me leyera las manos. Pero esto… esto me ponía más nerviosa. Como si algo pudiera revelarse de golpe. No sé bien por qué estoy acá. La incer
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Perfume en el tiempo —Rulo Caba
Pedro despertó ese sábado a media mañana. Se preparó un café. Desde la ventana vio a un motociclista detenerse frente a su casa con un ramo de flores. Cuando escuchó el timbre, sintió un leve sobresalto. — Seguramente tiene mal la dirección. Yo no he encargado nada — dijo al abrir. El mensajero leyó su nombre en voz alta, como buscando confirmación. — Son para usted, señor. La tarjeta, escrita con letra temblorosa, decía: «Feliz vida, amor». No tenía firma ni año. Mientras e
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Reencarnación - Juan Manuel Bartolozzi
Se oyen perros que ladran, gatos que pelean a lo lejos, no tengo idea de la hora, no quiero abrir los ojos. De repente escucho una alarma, no creo que sea para levantarme o para ir a trabajar, de hecho parece más la alarma de un auto. Me siento incómodo y con frío, esta no es mi cama, de eso estoy seguro. Algo se acerca, lo tengo encima mio ¿Qué está pasando porque me respira tan cerca, ¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy afuera? Este lugar tampoco es mi casa, que hago a esta hora
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A la altura de la piedra pintada – Rulo Caba
El cielo gris de otoño le trajo a Juana el recuerdo de su abuela Margarita: las manos con harina, la risa que se mezclaba con el vapor de las pastas de domingo. En Chacras, esas cosas quedaban pegadas a las paredes, como si el aire las guardara. Tomó su bicicleta, la misma de cuando era niña. Pedaleó por Medrano, esa calle estrecha donde las casonas viejas conviven con frentes nuevos y silencios distintos. Esquivó camionetas enormes que parecían no ver nada más que su prop
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El rito mínimo de volver a sí – Rulo Caba
Docente y escritor Para quienes sostienen la mesa con las manos y la vida con el alma Susana preparaba las guarniciones para los amigos de su esposo, quienes ese jueves — como tantos otros — ya ocupaban el patio. Con cada corte de las verduras pensaba en otra vida. Se veía viajando a playas de arenas blancas, a montañas donde la nieve parecía guardar un silencio que nadie podía romper. Sus manos seguían un ritmo antiguo: cortes precisos, casi ceremoniales, que le d
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Menú del día - Rulo Caba
La sala del comedor respiraba distinto esa noche. Ofrecía el espacio justo para que las palabras fueran apenas murmullos y los cuerpos se movieran con una libertad silenciosa. Mientras él hablaba de la entropía y del caos del universo, unos sorrentinos con crema de azafrán humeaban, liberando un aroma que evocaba arena y desierto. El amarillo dibujaba un atardecer sobre dunas interminables, como un territorio a punto de revelarse. Ella, en cambio, solo seguía con la mir
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Negaciones, afirmaciones y un mito moderno
Un recurso no define a un autor ni delata a una máquina. Las negaciones seguidas de afirmaciones existen desde siempre en la literatura: lo importante no es la estructura, sino cómo se usa. Rulfo lo demuestra en seis páginas. En estos meses se volvió casi un deporte: leer un texto y sentenciar que “esto lo hizo una IA” porque aparece una estructura muy reconocible, esa secuencia de negaciones seguidas de afirmaciones. Como si la lengua humana no hubiera usado ese recurso desd
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