Perfume en el tiempo —Rulo Caba
- Rulo Caba
- 30 jun
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Pedro despertó ese sábado a media mañana. Se preparó un café. Desde la ventana vio a un motociclista detenerse frente a su casa con un ramo de flores. Cuando escuchó el timbre, sintió un leve sobresalto.
— Seguramente tiene mal la dirección. Yo
no he encargado nada — dijo al abrir.
El mensajero leyó su nombre en voz alta, como buscando confirmación.
— Son para usted, señor.
La tarjeta, escrita con letra temblorosa, decía: «Feliz vida, amor». No tenía firma ni año.
Mientras el olor a rosas se mezclaba con el aroma del café recién hecho, Pedro pensó quién podría gastarle una broma así. Su mujer había muerto hacía años, y no conocía a nadie que pudiera enviarle un gesto tan vivo.
Al entrar a su cuarto, el aire estaba impregnado del perfume de ella. En sus labios lo acarició ese sabor a mezcla de habano y vino tinto. Sintió un escalofrío en los dientes y una sonrisa en el cuerpo. La recordó riendo, con un helado en la mano, iluminándolo todo. Los ojos se le humedecieron.
Se miró en el espejo: se vio feliz, más joven, más útil.
Desde entonces, cada 14 de febrero recibe ese ramo como quien recibe un guiño del tiempo: no llora lo que perdió, celebra lo que todavía le calienta las manos.




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